Autocontrol ¿Qué es y por qué debemos utilizarlo?

jrberrios
Creado por: jrberrios
Fecha: 06/26/2017 @ 4:35:45 pm
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El comediante americano Ken Davis cuenta la historia de cómo hace varios años visitó un campamento en Alaska en donde había un pequeño arroyo. Un día el dueño del campamento decidió colocar dentro del arroyo una rueda de pedales que alimentaba un generador, que a su vez proveía electricidad a todo el campamento gracias al agua del arroyo. Pero dos años después Ken regresó al mismo campamento solo para encontrar que el mismo había sido destruido. El arroyo se inundó ferozmente y sus aguas se desbordaron de tal forma que inundó y destruyó todo el campamento. Cuando el agua estaba bajo control y enfocada proveía energía a todo un campamento, pero cuando perdió el control causó total destrucción.

Lo mismo sucede con nuestras vidas, cuando ejercemos el dominio propio o el autocontrol y permitimos que la voluntad de Dios sea quien nos guíe, vivimos para Él y no para nuestros deseos.  Cuando perdemos el autocontrol, podemos causar destrucción en nuestra propia vida y en la de los que nos rodean.

Proverbios 25:28: Como ciudad sin murallas e indefensa es el que no puede controlarse.

Una persona que no sabe controlarse está desprotegida y su más grande enemigo es ella misma. El dominio propio o autocontrol se define como la capacidad de controlar nuestras emociones, deseos, acciones y de estar en armonía con la voluntad de Dios.

Necesitamos el autocontrol en todas las áreas de nuestra vida, ya que cualquier aspecto en el que no podamos ejercer el autocontrol nos puede hacer daño. Debemos utilizarlo para no hablar palabras soeces o negativas como hablan los demás.  Cuando no somos tratados de una manera agradable o nos menosprecian y quisiéramos devolver mal por mal. Nos controla cuando queremos gastar nuestro dinero en cosas que en realidad no necesitamos. En fin, es el motor que nos guía para poder vivir una vida que agrade a Dios.

El autocontrol es uno de los componentes del fruto del Espíritu Santo en nuestra vida y, como todo fruto, debe ser cuidado y alimentado de la manera correcta. Cuando permitimos que sea el Espíritu Santo de Dios quien nos guíe, pero si no ejercemos ese autocontrol, nuestros frutos no serán buenos.

Gálatas 5:19-24: Cuando ustedes siguen los deseos de la naturaleza pecaminosa, los resultados son más que claros: inmoralidad sexual, impureza, pasiones sensuales, idolatría, hechicería, hostilidad, peleas, celos, arrebatos de furia, ambición egoísta, discordias, divisiones, envidia, borracheras, fiestas desenfrenadas y otros pecados parecidos. Permítanme repetirles lo que les dije antes: cualquiera que lleve esa clase de vida no heredará el reino de Dios. En cambio, la clase de fruto que el Espíritu Santo produce en nuestra vida es: amor, alegría, paz, paciencia, gentileza, bondad, fidelidad, humildad y control propio. ¡No existen leyes contra esas cosas!

Los que pertenecen a Cristo Jesús han clavado en la cruz las pasiones y los deseos de la naturaleza pecaminosa y los han crucificado allí. Ya que vivimos por el Espíritu, sigamos la guía del Espíritu en cada aspecto de nuestra vida. 

¿Qué frutos ves en tu vida? ¿Estás siendo controlado por Dios o por tus propios deseos?

Ejercer el auto control no sólo te evitará muchos dolores de cabeza, sino que te hará vivir una vida que agrade a Dios. Nuestro mayor ejemplo de autocontrol lo es Jesucristo. Sufrió rechazo, calumnias, golpes y la muerte en la cruz para darnos salvación y vida eterna cuando Él tenía todo el poder para decir, no estoy dispuesto a sufrir más. Pero decidió firmemente cumplir con su misión y propósito en esta tierra orando al padre: “No se haga mi voluntad, sino la tuya”. Esa es la oración que tú y yo debemos orar cada día, que no se haga mi voluntad, sino la de Dios. Recuerda, usar el dominio propio implica la decisión de hacer la voluntad de Dios en lugar de vivir para sí mismo.

Gálatas 2:20: Mi antiguo yo ha sido crucificado con Cristo. Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Así que vivo en este cuerpo terrenal confiando en el Hijo de Dios, quien me amó y se entregó a sí mismo por mí.

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